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Quién gana si el proyecto se estira

Cobrar por tiempo le paga al proveedor por tardar. Es el único modelo donde tu problema y mi factura crecen juntos.

Hay una pregunta que conviene hacerle a cualquier proveedor de tecnología antes de firmar: ¿a quién le conviene que esto tarde más?

Si la respuesta es «al proveedor», el resto de la conversación es decorado.

La bolsa de horas premia lo contrario de lo que querés

Cuando se cobra por tiempo invertido, el proveedor factura lo mismo si resuelve tu problema en tres semanas que si lo resuelve en tres meses. En realidad no: factura más en tres meses.

Nadie necesita ser deshonesto para que eso haga daño. Alcanza con la inercia: la investigación que se podría acortar no se acorta, la decisión difícil se posterga, el refactor discutible se hace porque hay horas disponibles. Nadie mintió; simplemente nada empujaba en la otra dirección.

Y del lado del cliente aparece el reflejo opuesto: como cada hora se paga, se empieza a mirar el reloj en vez del problema. Se evitan las conversaciones largas, que suelen ser justo las que hacen falta. Las dos partes terminan optimizando la métrica equivocada.

«Pero así el riesgo es todo tuyo»

Sí. Esa es la idea.

Si acordamos un alcance y sale más trabajo del previsto porque calculamos mal, ese error es nuestro y lo absorbemos nosotros. Es el incentivo correcto: nos obliga a entender bien el problema antes de comprometernos, que es exactamente lo que hace la etapa de descubrimiento.

Un proveedor que cobra por hora no necesita entender tu problema antes de empezar. Puede arrancar el lunes y descubrir sobre la marcha, con tu plata. Nosotros no podemos: si no entendimos, perdemos.

Lo que hay que acordar para que esto funcione

Cobrar por alcance sin definir el alcance es una trampa —la del proveedor que después cobra cada pedido como «fuera de alcance». Así que hace falta ponerse de acuerdo en tres cosas, por escrito:

Qué entra y qué no. No una lista de funcionalidades: el problema de negocio que la solución tiene que resolver. Las funcionalidades cambian mientras el problema siga siendo el mismo.

Qué quiere decir «terminado». La condición que se verifica en la realidad del cliente, no en el ambiente de prueba.

Qué pasa cuando el alcance cambia. Porque va a cambiar. Un cambio a mitad de camino no es un problema: que aparezca en la factura sin que lo hayas decidido, sí. Se cotiza aparte, se muestra, y decidís vos.

Con esas tres cosas escritas, el modelo se sostiene solo. Sin ellas, cualquier modelo termina mal.

Dónde sí se cobra por tiempo

Nada de esto quiere decir que la hora sea siempre el enemigo. Quiere decir que no se cobra por hora algo que tiene un entregable definible. Cuando no lo tiene, el modelo cambia y tiene que cambiar:

Soporte y evolución. No hay nada que cerrar: el sistema está en producción y lo que se acuerda es disponibilidad y nivel de respuesta. Ahí se trabaja por servicio o por paquetes de horas, y es lo correcto — nadie puede presupuestar por adelantado los incidentes de un año.

Producto en cambio continuo. Hay productos que no terminan nunca porque el negocio cambia todo el tiempo. Ahí se trabaja por ciclos, con las prioridades revisadas con vos en cada uno.

La diferencia con la bolsa de horas de la que hablábamos arriba no es contable, es de dirección: en estos dos casos no hay un final que alguien podría estar demorando. En un proyecto con alcance, sí lo hay.

En resumen

El modelo de cobro no es un detalle administrativo que se ve al final: es la primera declaración sobre de qué lado está el proveedor.

Preguntá quién gana si el proyecto se estira. La respuesta te dice más que cualquier propuesta.